Cuando los días de sol acaban viene la lluvia y el frío que se cuela entre los huesos, que llega a los pulmones. Pero la lluvia se va dejando los cuerpos mojados, alejados del calor de su tierra natal. Cuerpos destemplados que dormirán en sábanas de terciopelo para calentarse en las frías noches de otoño. Pero el Sol siempre vuelve, tarde o temprano; vuelve a calentar los cuerpos entumecidos para que las febriles células recuperen su actividad hasta que de nuevo el viento, la lluvia y el frío vuelvan a hacerlas hibernar.

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