miércoles, 24 de octubre de 2012

Las hojas húmedas


Las arteriadas hojas se van secando bajo los débiles rayos del sol, quienes se baten en duelo cada día contra las imperiales nubes del norte. Mientras, el viento revuelve las hojas caídas y endiabladas de día y de noche, a tiempo parcial, a tiempo completo. Y en los paseos y calles donde los árboles caducos van apagándose como los incandescentes rayos, la humedad se apodera de la vida y crea su reino de musgo y hiedra tras el que se esconde el sueño de la muerte y en sí, una muerte de invierno.



La humedad entra en los cuerpos,
en los poros cálidos de las almas frágiles.
¡Que alguien acabe con este ahogo,
necesitan aire!
Necesitan sentir cada vez más, el ardor del verano,
el regreso de las golondrinas,
el trigo seco bajo sus pies.

sábado, 20 de octubre de 2012

Recuerdos de un sol de verano

Cuando los días de sol acaban viene la lluvia y el frío que se cuela entre los huesos, que llega a los pulmones. Pero la lluvia se va dejando los cuerpos mojados, alejados del calor de su tierra natal. Cuerpos destemplados que dormirán en sábanas de terciopelo para calentarse en las frías noches de otoño. Pero el Sol siempre vuelve, tarde o temprano; vuelve a calentar los cuerpos entumecidos para que las febriles células recuperen su actividad hasta que de nuevo el viento, la lluvia y el frío vuelvan a hacerlas hibernar.

lunes, 8 de octubre de 2012

Llevaba caminado por calles mojadas durante días. Calles con filtraciones y charcos, calles que filtran la blanca luz del sol escondido tras algodones eternos.
Llevaba días observando las ventanas de las casas que asomaban a la calle: siempre con cortinas cerradas. Intentaba imaginar quién viviría en su interior. Las aldabas de las puertas me envolvían en fantasías durante mis trayectos.

Llevaba caminando días por un ciudad que no era la mía. La curiosidad se apoderó de mi ser, y olvidé por completo el paso del tiempo. Olvidé entre tanto charco, que algo había cambiado ahí fuera. Sólo me di cuenta de la presencia del tiempo cuando mis pies tocaron tierra firme, no encharcada; cuando mis ojos,se toparon con jóvenes montañas y una especial paleta de colores cálidos, en un paraje naturalmente salvaje, salvajemente natural.

 El verano había acabado y yo me sentía desnuda como el árbol que en otoño pierde todas sus hojas. Me sentí Eva en un paraíso terrenal, tentada a probar de la fruta prohíbida, tentada por la libertad del oeste.